Pequeña joya clandestina

Intenso. El concierto que ayer ofreció en La Flecha (Valladolid) el grupo de rock duro y reivindicativo Reincidentes fue bestial, “el mejor concierto de Reincidentes que haya visto jamás”, declaraba un fan a la salida del festival, ofrecido en la plaza de toros de esta localidad del alfoz vallisoletano. Este recital fue ofertado por el Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda de manera gratuita para deleite de sus numerosos seguidores motivado de las fiestas patronales de San Antonio de Padua, y que fue escasamente publicitado. Aun así, los seguidores de la banda se agolparon en la plaza de La Flecha para ver por la geta a sus idolatrados Reincidentes. “La gente se ha enterado por el boca a boca, porque se había dicho muy poco”, apuntaba otro seguidor  a la salida de la actuación.

La veterana banda de Fer y los suyos se encontraron una plaza que, sin estar llena a rebosar, esperaron con pasión a sus ídolos, que en la hora y 45 minutos de recital, ofrecieron u repaso exhaustivo de sus éxitos d siempre, mezclados con los temas de su último álbum. Si aún no eran conscientes de ello, los sevillanos fueron coronados en Valladolid con la aureola de eternidad solo reservada a los grandes monstruos del rock. Sus ya clásicos temas de “Vicio” y “J’artos d’aguantá” fueron coreados por las más d dos mil personas que llenaron –aunque sin rebosar- el coso de La Flecha, muchos de ellos jóvenes, que chupaban de la teta de su madre cuando los sevillanos comenzaron a reventar las listas de éxitos con estos temas.

Con gran clase y mucha profesionalidad, los Reincidentes enlazaron en la primera media hora sus temas sin descanso, espoleados por un público entregado que coreaba y cantaba sus canciones. Ahí viene la intensidad antes aludida. El tema Bandera Republicana y otro que se posicionaba a favor de los palestinos en su lucha contra el Estado hebreo, que coreó el público al unísono y con el que comenzó su audición, mostraba a las claras el compromiso del que hace gala la banda y el signo político d sus seguidores, que lanzaron al escenario un Pendón castellano con la estrella revolucionaria que encontraría la colaboración del líder de Reincidentes, que colocaría en la batería el estandarte ofrecido.

El único descanso que ofrecía la banda al auditorio fue al cabo de los 30 minutos, cuando Fer y los suyos, armados con guitarras acústicas –la faceta de Umplugged es una de las técnicas que dominan a la perfección los sevillanos-, tocaron dos temas que enardecieron aún más a la hinchada de Reincidentes, que ya le prometía definitivamente amor eterno al grupo.

Pero Reincidentes vinieron a dar caña, y eso es lo que hicieron. Después del acústico. Los sevillanos se volvieron a enfundar las guitarras eléctricas para ofrecer sus temas más clásicos, para finalizar la última hora de recital bajo la apoteosis del público, que coreaba sus canciones siguiendo el ritmo duro d los sevillanos. “Qué alto gritáis, coño”, anotaba Fer en un momento de su actuación. Todo una declaración en lo que ha sido la mejor actuación de siempre de Reincidentes en Valladolid.

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