La ambición sin límites que acabó con un Imperio: Hernán Cortes y los aztecas

HERNÁN CORTÉS (Medellín, Badajoz, 1485 – Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1547).

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De familia hidalga (nobles venidos a menos), en Hernán Cortés encontramos el prototipo de un conquistador del siglo XVI: ambicioso, aventuro en nuevas tierras, buscador de fortuna, sin escrúpulos y experto en armas de fuego. Sin embargo, si nos adentramos más en su vida descubrimos que fue un hombre culto, ilustrado, y que en sus últimos años encabezó una tertulia literaria en su retiro sevillano. Nada que ver con la hostilidad y la rudeza estereotipada de los conquistadores españoles. Sus biógrafos le atribuyen preocupaciones inusuales en un hombre de su época y menos en un conquistador. Así, éstos reflejan que en ocasiones se planteaba si era legítimo esclavizar a los indios.

La supremacía tecnológica de los españoles con respecto al resto de pueblos indígenas posibilitó la conquista de un Nuevo Mundo con un número escaso de efectivos. Así Cortés pudo anexionar el Imperio Azteca a la Corona de Castilla, además de fundar las ciudades de Veracruz y de México.

CAPITÁN DE UNA EXPEDICIÓN DE LA QUE LE RELEVARON DEL MANDO

Como muchos contemporáneos, Hernán Cortés se marchó a las Indias descubiertas por Colón en busca de fortuna. Desde 1504, las nuevas tierras conocieron las andanzas de este extremeño que en 1511 entró al servicio del gobernador de la Isla La Española, Diego de Velázquez, el cual le colmaría de honores (le convirtió en alcalde de Santiago de Cuba, recientemente fundada) y le casaría con su propia cuñada. Pero la ambición de Cortés le jugó una mala pasada, ya que su nuevo concuñado se vio obligado a meterle en prisión acusado de conspiración.

Sin embargo, siguió confiando en él, y le dio el mando de una expedición al Yucatán. Pero Velázquez debió de considerar su nombramiento, por lo que decidió relevarle del cargo en el último momento. Cortés, informado de esa última decisión, decidió adelantar la fecha de su expedición y partió con su flota antes de que llegara la orden de relevo (1519).

ENFRENTAMIENTO CON LOS MAYAS Y PRIMERAS NOTICIAS DE LOS AZTECAS

El hidalgo extremeño buscador de fortuna desembarcó en la península del Yucatán con un Ejército con escasos integrantes. Sin embargo, con estos efectivos tuvo que enfrentarse con los mayas nada más llegar. Pero contaba con un arma mortífera desconocida para los indígenas de la zona y que fue vital para la conquista de todo un continente: las armas de fuego. Cortés debe al armamento de fuego su victoria frente a los mayas.

Es en esa época cuando Cortés tuvo noticias de la existencia de un Imperio rico, cuya capital estaba repleta de tesoros. La codicia se apoderó de su ser y decidió ir en busca de la riqueza, y para evitar deserciones, hundió sus barcos en el fondo del mar.

CORTÉS, IDENTIFICADO CON EL DIOS QUETZALCÓATL (1519)

La expedición de Cortés entró en la capital azteca, Tenochtitlán, con loor de multitudes. Las creencias aztecas identificaron a los extranjeros como seres divinos y a Cortés con la reencarnación del dios Quetzalcóatl. Aprovechando estas creencias, el conquistador extremeño no tuvo problemas en conseguir la adhesión de su soberano, Moctezuma, que rápidamente se declararía vasallo del rey de Castilla.

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Sin embargo, los españoles pronto se comportaron como invasores ambiciosos y violentos, lo que desató las iras de los aztecas.

LA NOCHE TRISTE Y LA CONQUISTA DE TENOCHTITLÁN POR LA FUERZA (1520)

En medio de la subida de tono de las tensiones, Cortés tuvo que acudir a hacer frente a las tropas enviadas por su concuñado, dejando al frente de las tropas españolas en la capital azteca a Alvarado. El abandono de Cortés animó a los aztecas a sublevarse contra los extranjeros, lo que obligó a su sustituto a ordenar la matanza de los nobles aztecas y la quema de sus símbolos religiosos.

El regreso de Cortés de Cempoala, donde derrotó a las tropas enviadas por Velázquez y donde se unieron muchos soldados del gobernador a su Ejército, se encontró con la situación desvirtuada por completo. Y para intentar arreglarla, detuvo a Moctezuma para que mediara en el conflicto y que calmara a la muchedumbre. Sin embargo, el soberano azteca murió durante su cautiverio, lo que empeoró la situación.

Cortés tuvo que salir de Tenochtitlán el 30 de junio de 1520) y su pequeño Ejército fue diezmado en la llamada la Noche Triste. Se refugió en Tlaxcala y desde allí organizó la lucha contra los aztecas, ahora dirigidos por Cuautémoc. Los españoles, menos numerosos pero pertrechados con armas de fuego, no tuvieron ninguna dificultad para vencer a los aztecas en Otumbo y entrar sin oposición en Tenochtitlán, que destruyeron (1521). En el lugar que ocupaba la capital Cortés fundó la ciudad de México.

Como soberano de México, el hidalgo extremeño envió expediciones al Yucatán, Honduras y Guatemala y su cargo fue reforzado con el nombramiento como Gobernador y Capitán General de la Nueva España (1522).

DESPOSEÍDO DE SUS CARGOS Y EXPEDICIONES A CALIFORNIA

Sin embargo, la nueva política de la Administración de Carlos V, que pretendía reforzar su poder en América desposeyendo del suyo a los conquistadores, explica que Cortés sea despojado de sus cargos y enviado a España (1528). De vuelta a México, busca la recuperación del favor real, y se embarca en expediciones que buscan fortuna, como las dos expediciones a California (1533 y 1539) y a Argel (1540), pero no logró su objetivo. Así, se retiró a un pueblo cerca de Sevilla donde vivió sus últimos años.

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