La guerra ha generado y continúa generando los mayores avances tecnológicos de la Historia

Las guerras han existido desde que el mundo es mundo, y en ellas el hombre ha derrochado todo su ingenio e imaginación para desarrollar la tecnología y la estrategia necesarias para derrotar al enemigo. Las guerras han sido el reflejo de la sociedad que las desató, las alimentó y que posteriormente las sufrió. Han sido el ente privilegiado del progreso tecnológico, ya que los hombres han desarrollado sus mejores avances técnicos para alimentar este ente destructor, y han alimentado mentes privilegiadas que buscaron las mejores formas de burlar al enemigo para vencerlo, como si de una partida de ajedrez se tratara. Existen constancias arqueológicas de que los hombres del Paleolítico y del Neolítico luchaban y libraban batallas. Así se extrae del yacimiento sudanés del Cementerio 117, donde yacen varias decenas de cuerpos, muchos de los cuales tienen incrustadas puntas de flecha talladas en piedra en sus esqueletos, de lo que se deduce que podrían ser las bajas de una batalla. Descubrimientos del bronce y del hierro Pero el descubrimiento de la maleabilidad del bronce a lo largo del primer milenio antes de Cristo (a.C.) no supuso un cambio de armamento, ya que se continuó fabricando el mismo tipo de elementos con el nuevo material (puntas de flecha y de lanza, principalmente). Sin embargo, la llegada del bronce facilitó la fabricación de cascos y escudos, un armamento meramente defensivo que para el historiador Víctor Barreiro Rubín, en su obra La guerra en el Mundo Antiguo (Almena Ediciones, Madrid, 2004), tuvo un trasfondo psicológico. A la vista de sus fabricantes, estas protecciones convertían a sus poseedores en invulnerables. La Estela Conmemorativa del rey Eannatis de Lagash (2525 a.C. aprox.) refleja a varios soldados sumerios pertrechados con cascos. Esta estela tiene una doble interpretación, ya que es la primera fuente que certifica la celebración de una batalla y también es la primera manifestación donde aparecen representados los cascos como elementos de protección militar de la Historia. Lagash Pero este avance no es comparable al siguiente hito, que fue la metalurgia del hierro. Barreiro Rubín defiende que el descubrimiento del hierro globalizó la posesión del armamento. “Cualquier reyezuelo que dispusiera de hombres podía montar un Ejército, porque este material en abundante y es barato”, explica en su trabajo. Las siguientes novedades en el campo militar provinieron del choque entre culturas. Así, las primeras grandes guerras que podemos calificar como tales, tanto por sus dimensiones como por la importancia del conflicto que dirimieron fueron las Guerras Médicas (siglo V a.C.). En ellas se enfrentaron dos mundos, dos ideas diferentes de la realidad, dos identidades distintas y dos concepciones del arte militar: la supremacía de la caballería y de los arqueros persas frente a la infantería pesada que componían las falanges de hoplitas griegos. El triunfo de estos últimos, que contra pronóstico se fraguó en el mar (Maratón y Salamina), viró el centro del mundo hacia Occidente, adonde estaba asentada la nueva potencia del momento. hoplita Pero la Historia ha mostrado que toda potencia hegemónica tiene su antítesis, un poder que compite con el hegemónico por la supremacía y que acaba por hacerle competencia, enfrentarse a la primera y derribarla. Y Grecia tuvo su antítesis en la Macedonia de Filippo II y de su hijo, Alejandro Magno. Las campañas militares de este último transformaron para siempre la identidad de los griegos (ver Filippo II de Macedonia y Alejandro Magno). Roma, potencia mundial La hegemonía macedonia chocó siglos después con otra potencia emergente situada más al Occidente y más belicosa que la propia, si cabe (ver Cayo Mario y Julio César). Se trataba de la República Romana, que antes de enfrentarse al mundo helenístico surgido del Imperio de Alejandro se había desarrollado con el fragor que supuso la victoria en las Guerras Púnicas ante los cartagineses (264 a.C.-164 a.C.). De nuevo se produjo otro choque entre culturas, similar al producido en la península Helénica siglos antes. De las Guerras Púnicas salió victoriosa Roma (ver Escipión el Africano), la mayor potencia política y cultural de la Historia cuya supremacía perduró durante siglo. Sólo la relajación de sus costumbres y la pérdida de su identidad la sumieron en el ostracismo que preludió su desaparición. El período que vino tras la pérdida de la hegemonía romana fue oscuro. Durante prácticamente cuatro siglos (entre el 476 de la caída de Roma y el 813 de la coronación de Carlomagno como emperador del Imperio Carolíngio) no hubo una potencia que dominara el espectro mundial. Tan solo destaca en ese período la entrada en escena de una nueva fuerza, apoyada en una nueva fe: el Islam, que en poco más de los cien años posteriores a su fundación oficial (622) y bajo diferentes denominaciones (Califato Omeya, Califato Abassí, Califato de Córdoba…) se expandió por todo el norte de África, gran parte de la península Ibérica (ver El Cid Campeador), Oriente Medio y gran parte de Asia. Sin duda, estos éxitos le postularon como candidata a ser la potencia hegemónica mundial, hasta que en 732 vio frenado su ascenso expansionista con la derrota ante los francos de Carlos Martel en la batalla de Tours. cid El arte militar en la Edad Media sufrió en estos tiempos de crisis quedó sojuzgado por una estrategia militar poco ortodoxa. El Feudalismo trajo consigo la pérdida del profesionalismo de los Ejércitos y la existencia de pequeñas huestes de campesinos que prestaban un servicio obligado a su señor, un noble, que se aliaba con diferentes bandos según sus intereses económicos y políticos. Las Cruzadas (entre 1095 y 1291) respondieron a este esquema, donde huestes acaudilladas por la nobleza acudían al llamamiento del Papa de turno para conquistar o castigar al infiel y poner Tierra Santa bajo la jurisdicción de Cristo (ver San Luis). También la Reconquista de la península Ibérica seguía un esquema similar (ver Jaime I El Conquistador), pero que en estos tiempos de crisis, sin una fuerza hegemónica dominante que la controlara, tuvo su éxito. Se trata de las campañas de saqueo protagonizadas por los pueblos nómadas de las estepas (los hunos de Atila en el siglo V y los mongoles de Gengis Khan en el XII) y por los pueblos escandinavos entre los siglos VIII y XII (ver Gengis Khan, Atila y Tamerlán). En términos tecnológicos, este período trajo consigo la sofisticación en otros campos del arte militar, como el armamento o el avance en los métodos de asedio, debido al desarrollo de las edificaciones defensivas desarrolladas principalmente por los árabes. La pólvora, el descubrimiento definitivo Pero la llegada a Europa de desde Asia de la pólvora (entre finales del siglo XII y comienzos del XIII) dio un giro copernicano en la concepción del arte militar. Los bizantinos, sus introductores en Europa, utilizaron dicho armamento para evitar que los musulmanes invadieran su Imperio durante varios siglos (ver Belisario Narsés de Bizancio). La posibilidad de abatir enemigos desde la distancia obligó a variar la estrategia en el campo de batalla. Poco a poco se va abandonando la lucha cuerpo a cuerpo por las técnicas  con armamento de fuego que permite reducir al enemigo desde la distancia. El primer armamento de fuego en desarrollarse fue la bombarda (precursora del cañón), una plataforma cilíndrica que se cargaba con una pesada bola esférica de metal que hacía las veces de proyectil. Este tipo de armamento revolucionó el concepto de la guerra en otros ámbitos, como el marítimo. El siglo XIV aparecen nuevos navíos (bergantín) aparejados para la guerra, con cañones que permitían disparar a navíos alejados en la distancia. El armamento de fuego para la infantería llegaría de manera inmediata. Los conquistadores españoles de América hicieron de sus primitivas armas de fuego el instrumento más eficaz para destruir sin aparente oposición Imperios americanos centenarios como el inca o el azteca. En las guerras europeas de la Edad Moderna (Guerras de Religión y otras), los arcabuces se mostraron letales para las armaduras, ya que sus proyectiles los podían atravesar. En los conflictos asiáticos, su utilización en el campo de batalla acabó con una tradición ancestral de enfrentamientos cuerpo a cuerpo de los samuráis japoneses. armas de fuego antiguas La universalización de las armas de fuego se impuso al choque de culturas, una de las características de la lucha por la hegemonía que daban un sentido a las grandes guerras hasta ese momento. Poco a poco, los Ejércitos de todos los países comenzaron a pertrecharse con armamento de fuego y sus técnicos realizaron trabajos continuos de perfeccionamiento de estas armas de fuego, que permitieron su evolución continua a lo largo de toda la Edad Moderna (del siglo XV al XVIII). Así, cualquiera que dispusiera de este armamento podía poner en entredicho el orden mundial, pero también cualquier potencia desalojada del poder por la fuerza de las armas podía recuperar su hegemonía. Esto fue lo que ocurrió en toda la Edad Moderna, donde la hegemonía fue cambiando de bando por el acontecer de los tiempos (España, Francia, Inglaterra, el Imperio Autrohúngaro y el Imperio Otomano) sin que su caída significara el fin de estos Estados. Las guerras napoleónicas y el resurgimiento de la estrategia militar La Revolución Francesa (1789) y el advenimiento de Napoleón Bonaparte como emperador francés poco después -como consecuencia del efecto revolucionario en su país-  significaron un nuevo resurgimiento de la estrategia militar. El propio Napoleón era un estratega de primer orden. Sus ambiciones expansionistas provocaron los conflictos armados de comienzos del siglo XIX. Sus campañas militares han sido objeto de estudio de eruditos militares, ya que sus proyectos bélicos se enfrentaron a problemas militares y de estrategia que seguían vigentes en pleno siglo XX con las dos Guerras Mundiales. Y pese a considerarse como un reputado estratega, fracasó en todas ellas (ver Napoleón I). napoleon El emperador de los franceses ideó un plan para invadir Inglaterra -su ancestral enemigo-  con globos aerostáticos, pero su intento se torció. También fracasó su invasión de Rusia, derrota que achacó al que denominó General Invierno y la falta de abastecimiento de su Ejército, ya que para su defensa el zar Alejandro utilizó la táctica del campo quemado, destruyendo los campos de sus vasallos que servirían de abastecimiento al Ejército francés en su campaña rusa. En España se enfrentó a una resistencia de guerra de guerrillas, consistente en actos de sabotaje continuos que encontraban el amparo popular. El canciller alemán Adolf Hitler tuvo idénticos proyectos que Napoleón durante la Segunda Guerra Mundial, 140 años después. Sin embargo, el desarrollo tecnológico del que disfrutó el canciller alemán -en comparación con el desarrollo tecnológico de la época del emperador de los franceses- no le libró del fracaso, ya que cometió idénticos errores de cálculo que el estratega corso. Después, la derrota napoleónica en Waterloo frente a su antagonista Wellington (1815) ha entrado en la Historia Militar como la partida estratégica de más alto nivel jamás celebrada (ver Duque de Wellington). Entre las guerras napoleónicas y la Primera Guerra Mundial Los conflictos del siglo XIX tuvieron un origen más social y políticas de ideas que unas razones puramente militares de defensa o de invasión. La lucha entre las ideas liberales y las absolutistas removieron las conciencias de los europeos de la primera mitad de ese siglo, y los conflictos que tuvieron lugar fueron de carácter revolucionario más que militar. Sin embargo, los inventos de esta época tendrían una repercusión fundamental para futuras guerras: el submarino y el avión. Lo único destacable en esta época es la entrada de Japón en la estela militar mundial tras su enfrentamiento y posterior victoria sobre el Imperio Zarista en la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905). La Gran Guerra estuvo precedida de una época que llevó por nombre la Paz Armada, donde las potencias europeas (Alemania y Francia, sobre todo) se enfrentaban en multitud de escenarios y la sensación de revancha de los franceses derivada de la derrota en las Guerras de Napoleón III resultaba más que evidente. Las Guerras Mundiales: guerra total en todos los frentes y bomba atómica Los dos conflictos universales han traído nuevos avances en el arte militar. La Gran Guerra o Primera Guerra Mundial (1914-1918) enfrentó a la Triple Entente (Francia, Gran Bretaña y Rusia, con la adhesión de Estados Unidos a partir de 1917) con las potencias centrales coaligadas en la Triple Alianza (los Imperios Alemán, Austrohúngaro y Otomano). Esta contienda dejó 10 millones de muertos, trajo aparejada la caída de los Imperios de Europa Central y Oriental y dejó en el mundo una sensación de depresión. En esta época se enmarca la creación literaria de J.R.R. Tolkien ‘El Señor de los Anillos’, que fue la respuesta del autor a la sensación de amargura de buscar un refugio en un mundo onírico ante las adversidades y la tristeza imperantes en la sociedad mundial. tolkien En consecuencia, la Primera Guerra Mundial ha pasado a la Historia Militar de la Humanidad por aportar al campo militar las novedades fue la utilización de minas antipersona, que causaron estragos en las filas enemigas de ambos bandos al generar lisiados en lugar de víctimas mortales, lo que supone un gasto social y económico de mayor cuantía. Ambos recursos militares han sido utilizados con posterioridad en otras guerras. Pero la Gran Guerra (como se la denominó en su tiempo antes de desencadenarse la Segunda Guerra Mundial) fue una contienda de trincheras, larga, dura y de funestas consecuencias en la sociedad de todos los países participantes. Otro aporte importante fue la introducción de una nueva arma de guerra: los aviones. La investigación en el campo de la aeronáutica había conseguido grandes avances en pocos años (el primer vuelo con un avión pesado de los hermanos Wrigth data de 1908). De todos estos avances tomaron buena cuenta los Ejércitos europeos. En 1914, el piloto francés Roland Garros aplicó una ametralladora fija en su aeronave, que le permitía disparar mientras manejaba los mandos. Garros cayó abatido y fue hecho prisionero por los alemanes junto con su avión, que no había sido completamente destruido. Esto sirvió para que el ingeniero alemán Anthony Fokker estudiara la aeronave y la mejorara gracias a un mecanismo que sincronizaba el giro de la hélice con los disparos de la ametralladora. Esta innovación acabaría siendo instalada en todos los aviones, por lo que las batallas aéreas entre cazas pasaron a ser muy comunes. Los humillantes Tratados de Paz a los que los aliados sometieron a los vencidos generaron en estos últimos el resquemor contra los aliados y sus ganas de revancha, lo que significó para muchos autores uno de los principales caldos de cultivo de los totalitarismos fascistas de los años 20 y 30 que desencadenarían en la Segunda Guerra Mundial. En Alemania se hizo con el poder un veterano de la Gran Guerra, Adolf Hitler, que instauró un régimen totalitario a imagen del italiano de Benito Mussolini. Las ansias expansionistas del alemán y el apoyo del italiano desencadenaron el conflicto mundial más mortal de la Historia. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) universalizó el arma más mortífera jamás utilizado por el hombre: la bomba atómica, causa de muchos dolores de cabeza de líderes mundiales desde ese momento y la gran amenaza para todos los Ejércitos y poblaciones. El poder de destrucción que causó la bomba lanzada por Estados Unidos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki dio un nuevo significado a la guerra y a las campañas militares. bomba nuclear La Guerra fría (1945-1989) El miedo a un nuevo enfrentamiento entre dos superpotencias que desencadenara un bombardeo nuclear hizo temer el enfrentamiento directo entre las cabezas de los dos grandes bloques: Estados Unidos y la Unión Soviética. Por ello, se bautizó a este período como Guerra Fría para explicar un escenario donde había un enfrentamiento entre dos potencias y dos formas de entender el mundo pero que no acababan de chocar directamente, sino que lo hacían en escenarios secundarios o en una guerra de alianzas con terceros países, arrastrados a la sobra de estas superpotencias en muchas ocasiones a la fuerza (casos de Hungría, Checoslovaquia, arrastrados a la órbita soviética). Los conflictos acaecidos después de la contienda mundial nunca se desarrollaron en los territorios de las dos potencias mundiales ni de sus principales aliados, donde los dos bloques desataron conflictos locales, donde hicieron un alarde de fuerza en cada momento apoyando a uno de los candidatos al poder. Su fin era extender el control sobre este territorio y mostrar el desarrollo de su armamento, interviniendo directamente en algunas de ellas apoyando a alguna facción pero sin librar batallas en sus respectivos territorios. Con estas características destacan conflictos como la Guerra de Corea (1950-1953), la Guerra de Vietnam (1965-1975), donde intervino directamente el Ejército de Estados Unidos, o la Invasión de Afganistán (1979-1989), donde hizo lo propio el soviético. En la Guerra de Vietnam se enfrentaron directamente los dos bloques en una guerra cruel y sin cuartel, donde la guerra bacteriológica se ganó un dramático protagonismo con las bombas de napalm que aniquilaron grandes masas de población y desfiguraron de por vida a los supervivientes. La caída del muro de Berlín dio fin a la caída de la política de bloques. vietnam La guerra contra el terrorismo Con la caída del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría, el mundo no ha dejado de vivir nuevos conflictos. Los expertos militares prevén un nuevo cambio en las estrategias bélicas con la proliferación de atentados terroristas con múltiples víctimas (Nueva York, 11 de septiembre de 2001; Madrid, 11 de marzo de 2004; Londres, 7 de julio de 2005; Bombay, 28 de noviembre de 2008; Volgogrado, diciembre de 2013; París, 7 de enero del 2015 y el último, Túnez 17 de marzo de 2015) que minan la autoestima de la poderosa opinión pública, que como arma de defensa esgrime la falta de seguridad como tema de debate. Los expertos señalan que amparado en el terrorismo ha nacido el poder que rivaliza por la preponderancia de la potencia del momento, Estados Unidos. Se trata del mundo musulmán, antagonista del Occidental.

El entorno islámico radical ha logrado trasladar el campo de batalla de Afganistán, libia, Siria e Irak al seno de los países antagonistas (los Occidentales, pero también los islámicos que se oponen a su visión extrema del Islam). Por eso, muchos líderes mundiales califican la amenaza yihadista y salafista como “amenaza global”.

El contrataque de las potencias Occidentales a esta amenaza ha sido de poca intensidad. Tan solo podemos destacar el asesinato del inductor del atentado que abrió esta nueva era de conflictos, Osama Bin Laden, en su refugio de Pessawar (Pakistan) el 1 de mayo de 2011.

Sin embargo, la política de no intervención en los asuntos árabes ha dado alas a nuevas organizaciones que han emergido al amparo de Al Qaeda y que hoy son la cabeza de la lucha yihadista. El Estado Islámico y sus aliados regionales como Boko Haram (Nigeria) y otros han cambiado la forma de atentar (más sanguinaria y mediática). Estos nuevos grupos logran captar  guerrilleros en el seno de los Estados Occidentales, que atentan en sus países de origen como lobos solitarios o con una infraestructura precaria. Ser ciudadanos de estos países dificulta su detección y logra el objetivo de estos grupos. trasladar el terror a las sociedades occidentales.

Pero esta etapa ha introducido un nuevo avance tecnológico: el vehículo aéreo de combate no tripuladoUCAV por su nombre en inglés. Denominado popularmente como dron, no lleva tripulantes a bordo y funciona con un motor de explosión. Su pequeñoo tamaño permite pasar desapercibido para los radares enemigos y localizar su objetivo, minimizando el daño colateral que pudiera ocasionar un bombardeo masivo.

 

Esta nueva realidad continúa. En esta guerra no declarada entre ambas civilizaciones (la Cristiano-Occidental y la Musulmana radical) son las que ocupan las páginas de la actualidad internacional hoy en día.

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