El negocio del terror: “por donde pisa mi caballo no vuelve a crecer la hierba”

La leyenda que nos presenta a Atila como un hombre rudo y cruel no le hace justicia. La circunstancia de ser rey de los hunos le confirió esas características de brutalidad, ferocidad y rudeza con las que le conocemos y que le hicieron acreedor del sobrenombre de El Azote de Dios. Sin embargo, no son del todo ciertas. El propio Atila explotaría en su beneficio esta imagen cruel para extorsionar al Imperio Romano, que prefería pagarle ingentes sumas de dinero antes de ser atacado.

Atila1

El hijo del rey huno Mundzuk había conocido en su juventud los placeres del mundo romano, y había comprobado que no le gustaban. Sin embargo, fue un amante de la poesía, una característica contraria a la imagen que proyectaba. Tampoco quiso ser adorado como un dios. Entre sus mejores amigos se encontraba un romano, Flavio Aecio, que había vivido entre los hunos para aprender sus artes de guerra. Atila acudió en su ayuda en varias ocasiones, y gracias a ello Aecio consiguió hacerse con el título de caudillo.

El negocio de la guerra

Atila fue el primero que utilizó la guerra como negocio. Sus rapiñas en el territorio de los dos Imperios Romanos existentes en la época y la crueldad que exhibía en ellas llevaron a los emperadores romanos a entregarle cuantiosos tributos para evitar ser atacados. Con este dinero, Atila construyó un Imperio fabuloso.

El rey de los hunos comenzó a forjarse una leyenda en 447, cuando devastó los Balcanes. Su osadía le llevó a las puertas de Constantinopla, capital del Imperio Oriental. Sin embargo, no entró al carecer su Ejército de las técnicas de asedio precisas, que estaba formado por caballería. Pero esta audacia le valió generar más terror aún en el Imperio Romano (“Por donde pisa el caballo de Atila no vuelve a crecer la hierba”, se decía), lo que le reportó cuantiosos beneficios.

La batalla de los Campos Cataláunicos (451). Composición de las fuerzas

atila2Los hunos buscaron la provocación de los romanos para enfrentarse en una batalla. En sus incursiones de rapiña por el Imperio sometieron a muchos pueblos que devastaron o que esclavizaron, obligándolos a formar parte de su Ejército. Su marcha siguió rumbo a la península Ibérica, pasando por las Galias. Fue en este lugar donde Aecio encontró un sitio ideal para cerrar el paso a sus enemigos y presentarles batalla: los Campos Cataláunicos, cerca de Charlons. Era un lugar abierto, pero con pequeños altozanos. Allí desplegó sus tropas.

Atila incorporó a su milicia a los ostrogodos, que se incorporaron a su Ejército a cambio de no ser arrasados. De esta forma, las fuerzas del Azote de Dios las constituían 600.000 combatientes entre hunos y soldados de pueblos sometidos. Tan seguro estaba de su victoria que no tenía prevista ninguna disposición táctica para la batalla.

Por su parte, Aecio preparó el encuentro contra el Ejército de su antiguo amigo buscando coaliciones con otros pueblos que habitaban el orbe romano, como los visigodos y los alanos. En la batalla, la infantería visigoda compondría el ala izquierda de su Ejército; los arqueros alanos estarían en el centro y las legiones romanas formarían en la derecha junto con la caballería.

Desarrollo de la batalla

Atila comenzó atacando con 50.000 infantes de los pueblos sometidos el ala derecha del Ejército enemigo, donde estaban las tropas romanas, con el fin de ablandar su primera línea de ataque para caer luego sobre ella con su caballería. Una vez cumplida su misión, los restos que quedaron de esa carga, junto a los ostrogodos, se enfrentaron al ala derecha del Ejército romano, mientras la caballería huna se dispuso a cargar frontalmente contra el ala izquierda de las legiones romanas.

Sin embargo, Aecio había colocado trampas en el terreno, lo que hizo que se quebraran las patas de muchos caballos y los hunos tuvieran que descabalgar. Entonces Atila dispuso que sus hunos lucharan a pie, pero sus dotes de infantes eran peores que las de los legionarios. De esta forma los romanos machacaron a los hunos.

Además en el ala derecha del ejército romano, donde godos de ambos lados combaten, el rey visigodo Teodorico muere atravesado por una flecha proveniente de sus filas. Inmediatamente, su hijo Thoresmund es proclamado rey en el mismo campo de batalla.

Por último, los hunos que continúan a caballo que se enfrentaron al centro del Ejército romano se encontraron con un problema similar al de sus compañeros que habían cargado contra las legiones romanas. Los arqueros alanos habían ganado un altozano y los hunos que pretendieron llegar a ellos tuvieron que descabalgar de sus caballos con las patas rotas.

Así, Atila decidió retirarse. Pero  Aecio prohibió a los visigodos perseguir al huno, ya que temía que este pueblo se creciera si mataba a Atila y pudiera darle fuerzas para invadir el Imperio romano.

Atila, el amo del Mundo

Antes de la derrota de los Campos Cataláunicos, Atila se mostraba como un guerrero ufano e invicto. Este rey huno, originario de Panonia (actual Hungría), había puesto cerco a Constantinopla (441-443) y arrasó la península de los Balcanes (447-449). En todas sus incursiones militares logró su objetivo principal; que el Imperio romano le pagara tributos para que no le volviera a invadir.

Pero su ambición, lejos de quedar satisfecha, fue creciendo a medida de que la civilización romana entraba en franco declive mientras que su poder iba increscendo. Por ello, no fue extraño que el huno osara a invadir la cuna de la civilización romana, su capital, y el Imperio de Occidente que la albergaba. Invadió la Galia (451) y sitió Orleans, pero la derrota susodicha de los Campos Cataláunicos, la “horma en su zapato”, le obligó a retirarse, pero no calmó su ansia de poder. Lejos de amedrentarse, Atila invadió el norte de Italia en la campaña siguiente (452). Las poblaciones de estos territorios, huyeron aterrorizadas, Un grupo de éstos fundaría la población de Venecia, construida en una laguna del Adriático.

Atila parecía ser el dueño de la situación. El emperador Valentiniano III  estaba a punto de sucumbir cuando salió a la palestra el papa León I. El Sumo Pontífice romano pactó con el huno su retirada a cambio de un tributo.

La toma de la capital pudo ser el hecho determinante de su biografía. Tuvo en sus manos acabar de un plumazo con mil años de tradición y de Historia. Sin embargo, tras firmar este pacto se retiro a sus dominios de Panonia, donde falleció en la noche de bodas, víctima de una apoplejía.

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5 comentarios en “El negocio del terror: “por donde pisa mi caballo no vuelve a crecer la hierba”

  1. Pingback: La guerra ha generado y genera los mayores avances tecnológicos de la Historia | Carrera profesional José de Abajo

  2. El problema de Atila y otros caudillos de la estepa, ya lo apunta Jorge Luis Borges: El miedo a la ciudad de esta gente que no sabía lo que era y que temía meterse en una ratonera.” Este miedo era pánico y sus batallas las daban en campo raso.
    Manuel Dragon

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    • Pues si, soy el autor del texto. Me lo he currado y he buscado la información para elaborarlo. Luego lo he publicado en un libro de la editorial Susaeta, que en resumidas cuentas, es el que tiene los derechos de autoría.

      Muchas gracias x la información.

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