Uno de los represores más duros de la Historia: el duque de Alba

FERNANDO ÁLVAREZ DE TOLEDO, DUQUE DE ALBA (Piedrahita (España), 1508 – Lisboa, 1582)

alba 2Está catalogado como uno de los mejores generales de todos los tiempos. Sin embargo su fama se ha extendido hasta nuestros días por su actividad como político, sobre todo como gobernador general de los Países Bajos (1567-1573), donde reprimió con excesiva dureza los levantamientos contra la autoridad de Felipe II pese a que cuando llegó acompañado de un Ejército los disturbios ya habían sido sofocados.

Entre sus acciones bélicas destacan las victorias contra la Liga Esmalcalda en la batalla de Mülberg (1547), la expulsión de los franceses de Italia en su época de virrey de Nápoles (1556-58) y la victoria en la batalla de Alcántara contra el pretendiente al trono portugués, el prior de Crato, para favorecer el ascenso de Felipe II al trono luso (1580).

FICHA TÉCNICA

NOMBRE Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba
CARGO General y político español
VIVIÓ ENTRE 1508 y 1582
LE DEBE SU FAMA A… Haber gobernado con mano dura los Países Bajos
DEFINICIÓN COMO GENERAL Dureza
BATALLAS MÁS FAMOSAS · Jornada de Túnez (1535)

· Mülberg (1547)

· Alcántara (1580)

LA FORJA DE UNA LEYENDA: LA VICTORIA SOBRE BARBARROJA

alba 1Sin duda, a victoria contra la flota otomana en la denominada Jornada de Túnez (1535) fue el primer desafío que aceptó el duque de Alba con total éxito. Las relaciones diplomáticas de Carlos V habían conseguido aglutinar a una serie de aliados contra la amenaza de los piratas musulmanes en el mar Mediterráneo. Así, el puerto de Mahón aglutinó a más de 400 naves de diferentes países que partieron rumbo al norte de África con el propósito de arrebatar Túnez a Barbarroja.

Su primera parada se produjo en La Goleta, una fortificación que tomaron como antesala al asedio de Túnez, en el que nada pudo hacer el temible comandante otomano. Sin embargo, tras la conquista, la flota se dispersó pese a las intenciones de Carlos V de proseguir con la conquista de Argel.

LA VICTORIA SOBRE LA LIGA ESMALCALDA Y LA BATALLA DE MÜLBERG (1547)

alba 4El duque de Alba fue el responsable de guiar a los tercios castellanos hacia la victoria en la batalla de Mülberg contra los protestantes, coaligados en la Liga Esmalcalda. Su Ejército era uno de los que componía la multinacional fuerza de Carlos V en esta batalla, ya que las fuerzas imperiales estuvieron compuestas, además, por alemanes, italianos, flamencos y holandeses.

El Ejército imperial sorprendió al de las Liga Esmalcalda en Mülberg, a orillas del río Elba. Allí se consideraba protegido, pero fue sorprendido con nocturnidad por las tropas de Carlos V, que cruzaron el río a nado y cayeron sobre las tropas protestantes y apresaron a sus líderes.

VIRREY DE NÁPOLES Y EXPULSIÓN DE LOS FRANCESES

alba 5Durante su gobierno en el Reino de Nápoles (1556-58) logró expulsar a los franceses de la península Itálica. El duque de Alba no tuvo reparos en dirigirse hacia Roma para combatir a las fuerzas francesas y papales. Ante esta amenaza, el Sumo Pontífice solicitó una tregua parlamentaria, tiempo aprovechado por las tropas galas al mando del duque de Guisa para conducirse hacia Nápoles. Sin embargo, la derrota del Ejército francés en la batalla de San Quintín ante los tercios castellanos (1557) obligó al duque de Guisa a regresar a su país, lo que dejó el camino expedito al de Alba para arrollar a las tropas papales y entrar en Roma (1557).

REPRESIÓN DE LAS REVUELTAS DE LOS PAÍSES BAJOS

alba 3El duque de Alba acudió a los países Bajos con un Ejército para sofocar la rebelión de los calvinistas y asumir la gobernación del territorio. Sin embargo, sus medidas fueron del todo impopulares. Reprimió la revuelta con gran dureza, impulsó el Tribunal de los Tumultos (donde fueron ajusticiados, entre otros, el general católico duque de Egmont, que luchó en la batalla de san Quintín con las tropas españolas) y cargó de impuestos a este país para paliar el gasto que suponía el mantenimiento de un Ejército como el que había llevado.

Al final de su gestión, la revuelta no había quedado apagada y  el malestar de los holandeses había ido en aumento. Además, el príncipe de Orange, Guillermo de Orange-Nassau, intervino a favor de los rebeldes holandeses, lo que propició un estado de guerra continuo. A la vista de esta situación, Felipe II le relevó del cargo en 1573.

LA INVASIÓN DE PORTUGAL, EL ÚLTIMO SERVICIO COMO GENERAL

Las pretensiones dinásticas de Felipe II sobre la monarquía portuguesa se vieron satisfechas con la invasión de Portugal y la guerra contra el otro aspirante al trono, Antonio, el prior de Crato. Fernando Álvarez de Toledo ya anciano (contaba con 72 años de edad) se hizo cargo de un Ejército con 18.000 hombres que tenía como misión dejarle el paso libre hacia el trono portugués. Álvarez de Toledo se enfrentó a las tropas del aspirante, dirigidas por Diego de Meneses, en la batalla de Alcántara, a 10 kilómetros al oeste de Lisboa (1580). Su victoria dejó el camino expedito a Felipe II para ser coronado como rey de los portugueses. Y como premio a sus servicios en la campaña portuguesa, Felipe II le nombró condestable de Portugal.

 

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