El emir almohade que frenó durante 100 años la Reconquista de la península Ibérica

ABŪ YŪSUF YA’QŪB AL MANSŪR (1160 – Marrakech (Marruecos), 1199)

yusuf 2La debilidad de los reinos de taifas de la península Ibérica, que arrastraban desde el momento mismo de su fundación tras la disgregación del Califato de Córdoba (1031), propició el avance constante de los reinos cristianos del norte, que fueron haciéndose paulatinamente con los pequeños y débiles estados musulmanes del sur de la península Ibérica.

Viéndose incapaces de frenar las acometidas cristianas, solicitaron la ayuda de los poderosos emires del norte de África. A finales del siglo XI el pueblo que soportaba el poder del Emirato en el Magreb era el almorávide, que cruzó el estrecho en auxilio de los reyes de taifas y venció a los cristianos en la batalla de Sagrajas (1066). Sin embargo, su poder comenzó a periclitar por la fuerza que les opuso una nueva potencia en la zona: los almohades. Estos les desplazaron y se hicieron los amos de la zona que hoy comprende Marruecos.

yusuf 1Perdido el apoyo almorávide, los reinos taifas volvieron de adolecer de fuerza para hacer frente a los cristianos, solicitando de nuevo ayuda a la potencia del norte de África. Este pueblo, de profunda fe islámica, estaba gobernado desde 1184 por el emir Ya’qub.

El emir del norte de África cruzó el estrecho en 1191 con un poderoso Ejército que hizo cundir la alarma en los territorios cristianos y obligó al rey de León Alfonso IX a pactar con él.

FICHA TÉCNICA

NOMBRE Abū Yūsuf Ya’qūb, Al Mansūr (árabe)
CARGO Emir almohade (1184-1199)
VIVIÓ ENTRE Murió en 1199
LE DEBE SU FAMA A… Haber sustituido el al poder almorávide en la península Ibérica
DEFINICIÓN COMO GENERAL Lógico
BATALLAS MÁS FAMOSAS · Alarcos (1195)

UNA AUDACIA DE ALFONSO VIII ENFADA A YA’QUB

El emir almohade se había ausentado de Al-Andalus para acudir a sofocar una revuelta en Marrakech, momento que aprovechó Alfonso VIII para realizar diversas incursiones de rapiña por el territorio almohade y sitiar ciudades y fortalezas donde exigió tributos. Este hecho molestó a Ya’qub, que regresó a la península Ibérica dispuesto a acabar con el amenazante poder cristiano.

BATALLA DE ALARCOS (1195)

yusuf 4

Alfonso VIII logró el apoyo de otros reyes cristianos peninsulares para enfrentarse conjuntamente a lao que para ellos era la amenaza almohade. Ambos Ejércitos se buscaron por la zona que hoy es la comarca de La Mancha, y se encontraron en la ciudad amurallada de Alarcos, perteneciente a los castellanos.

Disposición de los Ejércitos en el campo de batalla:

Ejército cristiano. Compuesto fundamentalmente por 10.000 jinetes de caballería pesada, al mando del señor de Vizcaya Diego López de Haro, que se dispuso en la vanguardia del ataque cristiano. Detrás se colocaron la caballería y la infantería de Alfonso VIII.

Ejército almohade. Ya’qub dispuso a sus arqueros benimenires y voluntarios en la primera línea del frente. Detrás de ellos se colocaron las tropas de élite almohades (llamadas heteta) que dirigía el hermano del emir, Abū Yahya. Los flancos y la retaguardia fueron para la caballería ligera con arcos de Ya’qub.

Desarrollo de la batalla. Alfonso VIII comenzó el ataque, lanzando contra la vanguardia del Ejército enemigo a su caballería pesada en oleadas. En las primeras refriegas pereció Abū Yahya.

En respuesta a estos ataques, Ya’qub rodeó con su caballería al Ejército enemigo por ambos flancos, lanzando una lluvia de flechas que causó innumerables bajas entre las filas cristianas. Este hecho obligó al rey castellano a huir a Toledo, mientras que su general estrella, López de Haro, se refugió detrás de las murallas de Alarcos, siendo liberado posteriormente con un canjeo de rehenes. El triunfo le valió al emir el sobrenombre Al Mansūr (el Victorioso).

Consecuencias. Las fronteras de los reinos cristianos retrocedieron a las riberas de los ríos Tajo (Portugal y Castilla) y Ebro (Aragón y Cataluña). El dominio almohade de la península Ibérica estabilizó estas fronteras.

yusuf 3

Los reinos de León, Portugal y Aragón pactaron con el emir la paz, lo que le dejó las manos libres para guerrear con Alfonso VIII, escaramuzas que solo se vieron aliviadas por la ausencia periódica del emir, que acudía a sofocar revueltas en el norte de África. En una de estas expediciones, el emir enfermó de gravedad (1198), falleciendo un año más tarde (1199). Los almohades vivieron con Ya’qub su mayor época de esplendor, ya que su sucesor, su hijo Muhammad, se mostró indolente y no pudo evitar la derrota en la batalla de Navas de Tolosa (1212), lo que significó el principio del fin de su dominio.

yusuf 5

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