El perfil del cuidador en España: mujer de entre 40 y 60 años, sin empleo fuera del hogar y que asiste a un familiar en casa

Instantánea de la película francesa 'Intocable'. Bajado de www.elmundo.es

Instantánea de la película francesa ‘Intocable’. Bajado de http://www.elmundo.es

El perfil-tipo de un cuidador de personas dependientes en España es el de un cuidador informal, perteneciente al entorno de la persona en situación de dependencia. Dentro de los cuidadores informales existe el cuidador principal y los secundarios. El primero es el cuidador que se responsabiliza del cuidado de la persona en situación de dependencia y toma las decisiones de las acciones que se deben de tomar con respecto al cuidado de la persona en situación de dependencia.

El perfil de este cuidador principal es el de mujer; de entre 40 y 60 años de edad, que no trabaja para dedicarse al cuidado de la persona dependiente y que compagina esta tarea con otras del hogar familiar. Suelen ser esposas o hijas del afectado, recibe poca ayuda del resto de potenciales cuidadores y dedican la totalidad de su tiempo al cuidado de estas personas, lo que conlleva a que sufran problemas de salud asociados a los cuidados de una persona en situación de dependencia (problemas lumbares, síndrome de Burnout…).

Cuidadora de personas mayores: una figura tradicional

La figura del cuidador (más bien, cuidadora) es una figura tradicional en las familias españolas. Las generaciones anteriores, influidas por la doctrina del catecismo, las doctrinas machistas latentes (que no solo eran ejercidas por los hombres, sino que también por las mujeres) latente y perteneciente al extracto estrictamente agrario-ganadero, destinaban labores de la manutención familiar a su numerosa prole. Así, el mayor era destinado a ayudar al padre en las labores agrarias y ganaderas, y paulatinamente le iba a sustituir como cabeza de familia. Sin embargo, a los benjamines, (especialmente si estas eran mujeres) se les/las destinaba a cuidar de los progenitores cuando éstos fueran mayores, sin poder ejercer su autodeterminación a diseñar un plan de vida distinto al que estaba destinado/a.

Cuidador1El subconsciente social ha seguido manteniendo estas pautas hoy en día, asignando a la mujer este rol, quizás de manera inconsciente. Por eso, hoy en día es ella la que se encarga del cuidado de la persona mayor, sin recibir casi apoyos del resto del núcleo familiar, que en la actualidad consta de menos miembros que antaño, debido al descenso de la natalidad y de la tasa de fecundidad.

Después los cuidadores secundarios son el resto de la familia, que comparte (o no) el domicilio con la persona a cuidar y que no toma decisiones en el cuidado de la persona dependiente; tan solo sustituye temporalmente al cuidador/a principal.

En definitiva, esta situación responde tácitamente al contexto social de los cuidadores informales en el Sur de Europa, y más concretamente en nuestro país. Las familias tienen un talante claramente anti-institucionalista, debido al fuerte arraigo familiar. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha complicado este panorama tradicional de la familia. Este abandono femenino de las tareas del hogar suplido (escasa y deficitariamente) por el Estado de Bienestar, que otorga prestaciones complementarias, pero que no tiene regulado, por ejemplo, el yacimiento de empleo de los/las empleados del hogar.

Instantánea de la película francesa 'Intocable'. Bajado de www.culturamas.es

Instantánea de la película francesa ‘Intocable’. Bajado de http://www.culturamas.es

Mezclando todas estas variables, llegamos a la conclusión de que las familias contratan a personas que se hagan cargo de sus mayores dentro de su propio domicilio, pero la escasa regularización del sector lleva a que solo las personas integrantes de las capas más bajas de la sociedad acepten este tipo de empleos. Y como el cuidado de las personas mayores ha sido un rol asumido/otorgado a las mujeres, son éstas las que se harán cargo de estos trabajos, y además de las capas más desfavorecidas: los inmigrantes.

Es por ello que el colectivo de mujeres inmigrantes encuentra tiene un gran yacimiento de empleo en estas labores, pero la escasa o nula regulación de este sector les lleva a aceptar condiciones de economía sumergida (esto es; trabajos sin contratos y que carecen de los derechos laborales y de protección regulados por las leyes, y que tampoco cotizan al sostenimiento del Estado de Bienestar.

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