Cuatro de cada 10 mayores con discapacidad sufren Enfermedades Osteo-Articulares

Las personas mayores con discapacidades de tipo físico están causadas por limitaciones sensoriales, Enfermedades Osteo-Articulares y Neuro-Musculares, consumo de fármacos y otros tipos con menos prevalencia. No existen estadísticas fiables de personas mayores de 65 años que sufran algún tipo de discapacidad reconocida para el 1 de julio de 2014 (el INE sí que las ofrece, pero advierte que los datos que ofrece tienen elevados errores de muestreo debido, entre otras cosas, a que contabilizan individualmente cada tipo de discapacidad sin diferenciar si esas personas sufren varios tipos de discapacidad). Así que acudimos a los datos del IMSERSO.

En sus estadísticas nos encontramos que en España había a 31 de diciembre de 2013 un total de 1.089.38 mayores de 65 años que tenían reconocida un grado de discapacidad, tal y como hemos apuntado anteriormente. Las personas mayores que contaban con un certificado acreditativo por deficiencias Osteo-Articulares como primera deficiencia eran 390.161 personas (el 35,83% del total de la población con discapacidad mayor de 65 años). Este tipo de deficiencia es la que afecta a un mayor número de personas con el certificado de discapacidad. En concreto, casi a cuatro de cada diez mayores con acreditación de grado, mientras que en el conjunto de la población de todas las edades con esta certificación supone el 28,04%. De este dato se puede deducir que la edad agrava las dolencias osteo-articulares.

Las de mayor prevalencia

Persona mayor con una discapacidad física. Bajado de: http://www.tercera-edad.org/servicios/ley-ayuda-dependencia.asp

Persona mayor con una discapacidad física. Bajado de: http://www.tercera-edad.org/servicios/ley-ayuda-dependencia.asp

Estas estadísticas reflejan también que la clínica neuro-muscular como primera deficiencia que concurre a la valoración de un grado de discapacidad era del 8,94% entre los mayores de 65 años, pero su incidencia en edades más tempranas era mayor (11,67%). Esto puede ser debido a que estas dolencias quedan solapadas por otras en una primera valoración del certificado de discapacidad o incluso en los diagnósticos previos.

Sumados todos estos datos, nos encontramos con que casi la mitad de los abuelos que tienen un certificado de discapacidad concurren por primera vez con este tipo de deficiencia física a los tribunales multidisciplinares de los Centros Base, que revisan y otorgan los certificados de Discapacidad en las distintas Comunidades y Ciudades Autónomas.

Las que más afectan al entorno del mayor

Este grupo lo componen las discapacidades que generan mayor afectación para el enfermo, y sobre todo para su entorno y que son los responsables de las situaciones de dependencia por trastornos derivados de la mente. En este grupo entran todos los trastornos cognitivos derivados de la demencia, como son la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencias originados por accidentes cerebro-vasculares y por último la depresión como enfermedad discapacitante.

Sin duda, la Enfermedad de Alzheimer (EA) es la más característica de este grupo. Se trata de una Enfermedad NeuroDegenerativa que se caracteriza por la aparición lenta de síntomas que evolucionan a lo largo de los años. Tiene un carácter progresivo y un origen que todavía hoy es desconocido para los investigadores, Sin embargo, existen avances continuos en su tratamiento; cada día surgen nuevos programas de intervención que logran éxitos meritorios en el retraso del deterioro cognitivo y en la calidad de vida de los enfermos y sus familias.

Sin duda, se trata de una enfermedad propia de la edad avanzada, aunque cada vez se dan más casos en pacientes más jóvenes. Un 4,4% de los mayores de 65 años sufren EA. Como hemos visto, no se conocen ni las causas y el avance del mismo es desigual en todos los enfermos, aunque se observa una etiología común en la mayoría de ellos. Lo más cruel de todo es que el diagnóstico definitivo se realiza a través de la autopsia (post-mortem).

Según cuentan desde el Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias de Salamanca (dependiente del IMSERSO y creado en 2007), se ha calculado que las cifras que padecen esta enfermedad (en nuestro país y en todas sus facetas) están alrededor de 800.000 personas.

Cerca del 50% de los casos de deterioro cognitivo leve desarrollarán a una enfermedad de Alzheimer, mientras que los demás casos pueden evolucionar a otras demencias, permanecer estable o, incluso, regresar a la normalidad. (Delgado Santos, Pérez-Castilla Álvarez, Sebastián Herranz,& Vigara Cerrato, 2015).

Ligado a esta mal nos encontramos con las demencias, muchas veces confundidas con la Enfermedad de Alzheimer. Al igual que la primera, las demencias provocan en el individuo un deterioro intelectual global respecto a un nivel cognitivo previo, con intensidad suficiente para interferir en las actividades de la vida diaria. Sin embargo, su evolución es distinta a la de la EA. Se estima que el número de afectados en España por todo tipo de demencias es de 650.000 personas. Así, un 6,6% de las personas mayores de 65 años sufren alternaciones de este tipo.

La principal causa de la demencia en las personas mayores son los accidentes cardiovasculares (entre el 10-15% de las demencias). Sin embargo, su incidencia está disminuyendo, debido –entre otros motivos- a que la población está concienciada en adquirir hábitos de vida cada vez más saludables y en la mejora del control médico de las causas implicadas en su origen, la principal de ellas: La hipertensión. En la génesis de las demencias existen otras enfermedades con menor número de diagnósticos como la Enfermedad del Parkinson, la Enfermedad de los Cuerpos de Lewy, el Corea de Huntington (o Baile de San Vito y que aparece en edades más prematuras), la Enfermedad de Pick o la Enfermedad de Korsakov.

En ambos grupos de enfermedades catalogadas como psíquicas (EA y demencias de todo tipo), el deterioro cognitivo y funcional ocasiona una pérdida de autonomía e incapacitan al enfermo en menor o mayor grado, aunque difieran en su presentación, curso y pronóstico. Expertos de muchos campos de la atención social y sanitaria defienden la intervención multidisciplinar (social, funcional, psicológica, sanitaria…) en este grupo y sus familias con el objetivo de que el enfermo disponga de las mayores garantías de calidad de vida y de apoyar el período de duelo a sus seres más cercanos, debido a que este tipo de enfermedades degenera el cuerpo y la mente de los enfermos de manera progresiva e irreversible.

Las grandes olvidadas

De manera práctica, el concepto de discapacidad sensorial englobaría deficiencias de tipo auditivo y/o visual. En la España de finales de 2013 había un porcentaje escaso, pero llamativo, de personas con discapacidad que son mayores de 65 años con este tipo de discapacidades. Así, el IMSERSO recoge que 93.158 abuelos tenía una discapacidad visual (ceguera y otras) la primera vez que presentaban una solicitud para valorar su discapacidad (8,55% de la población total). El número de personas mayores que sufrían una discapacidad auditiva (sordera y otras) era algo menor (61.745 individuos, el 6,67% de la población total de mayores con discapacidad reconocida).

UN sonotone. bajado de: http://www.genius.com.

Un sonotone. Bajado de: http://www.genius.com.

Al envejecer nuestras capacidades sensoriales y motoras -antes o después- se ven afectadas. Así, las personas mayores tienden a perder su capacidad de detectar sonidos de frecuencias más altas y muchas deben utilizar audífonos. La incidencia y la gravedad de los problemas visuales aumentan con la edad y los cambios en la estructura física del ojo conducen a la pérdida de la agudeza visual (la capacidad de ver los detalles finos), la incapacidad de adaptarse a los cambios de enfoque de corta a larga distancia y una pérdida de velocidad de adaptación a los cambios en los niveles de luz. También se ve afectada la destreza manual, la movilidad, la fuerza y la resistencia.

Estos efectos suelen ir acompañados de una disminución de la capacidad del cerebro para procesar la información, causando dificultades para la adquisición, atención y discriminación de la información sensorial, además de ralentizar el “comportamiento” de las personas.

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