“Deje las muletas aparcadas en casa cuando comencé a realizar estiramientos musculares a diario”

Tod@s ya conocemos que las cuatro “patas” del banco del bienestar en la Esclerosis Múltiple son ejercicio físico, buena alimentación y no consumir ni bebidas alcohólicas en exceso ni fumar. Y seguir a rajatabla este cuarteto de reglas no nos asegura que vayamos a llevar mejor nuestros síntomas.

Pero hoy voy a incidir en una de estas cuatro reglas. En concreto en una de las dos positivas (la que no comienza con la palabra NO). Es la actividad física. En la actualidad tengo diagnosticada Secundaria Progresiva de la enfermedad. Como ya sabéis, es esa etapa en la que el grado de limitación funcional persiste y/o empeora entre brotes.

Pues bien: mi estado de salud basal no mejora después de una recaída -es verdad- pero tampoco empeora. ¿La razón? Indudablemente, la diosa fortuna juega en este aspecto un papel primordial, pero yo quiero pensar en otra variable: la actividad física.

El ejercicio es la clave para no perder autonomía

Desde hace un año llevo practicando práctica del ejercicio físico moderado y controlado. Y los resultados han sido ¡espectaculares! Hace un año caminaba con la ayuda de una e incluso dos muletas, tenía dolores musculares continuamente, me notaba más fatigado, con menos movilidad y la agilidad mental (velocidad de procesamiento) más reducida que de costumbre). ¡Y ya conocéis cómo trabaja la mente en estos casos!

Pero esta vez me decidí a vencer el desánimo. No sabía si éste iba a ser el principio de una nueva vida con más limitaciones. Tampoco los datos sobre la evolución de la enfermedad estaban de mi parte. Fue en ese momento cuando mi neuróloga ratificó la clase de mi Esclerosis Múltiple: pasó de Recurrente Recidivante a Secundaria Progresiva.

Fue el momento en el que mi espíritu inconformista salió de nuevo a la palestra. NO, no podía pensar que esto era el primer paso hacia una vida con más limitaciones funcionales. No, no me resignaba a pensar que mi mayor independencia se iría diluyendo sin que yo no hiciera nada, o al menos intentara luchar contras lo que parecía que iba a ser mi destino inmediato.

Trabajo diario en casa y semanal en la consulta de la fisioterapeuta

Me puse en manos de una fisioterapeuta para que me ayudara a recuperar, o al menos frenar, el deterioro al que me veía avocado. Analizó mis limitaciones y me preparó un plan de trabajo concienzudo, con tareas tanto en la consulta como en casa.

Acudo a su consulta dos veces por semana. Es esas sesiones la fisioterapeuta analiza mis progresos y solventa cualquier eventualidad y duda. Después de aplacarme la tensión muscular, las sobrecargas y calmar con masajes las zonas con dolor producido por los espasmos, realizo una tabla de ejercicios programados sólo para mí. Este programa busca ganar autonomía personal, ya que trabajo los movimientos más cotidianos (giros, caminar, equilibrio…). También me dio una tabla de estiramientos para hacerlas en casa, que revisamos todas las semanas.

Los estiramientos en casa me ayudaron a mejorar paulatinamente mi movilidad y mi estado de salud en conjunto. Tras practicarlos varios días, mi cuerpo incorporaba los movimientos “aprendidos” a mis rutinas diarias.

Por ejemplo: para fortalecer los rotadores internos de la pierna derecha me mando ejecutar el que ejercicio que llamaba “la almeja”, que consistía en separar la rodilla derecha de la izquierda sin separar los talones, partiendo de la posición de decúbito lateral izquierdo. Con este ejercicio fortalezco los glúteos, músculos que intervienen de manera decisiva a la hora de mantener el equilibrio y caminar de manera normalizada.

Al principio era un ejercicio que “me suponía un mundo” llevar a cabo. Me costaba separar las rodillas y mantener elevada la pierna derecha. Sin embargo, con el paso del tiempo y practicándolo todos los días, conseguí dominarle. Entonces, la terapeuta me lo complicó al pautarme separarlos tobillos cuando elevaba la pierna derecha. Y con cada mejora, consumía una nueva etapa. La fisio me cambiaba el ejercicio cada vez que incorporaba a sus movimientos todo lo que había ganado con los ejercicios.

Para que entendáis mejor en qué consiste el ejercicio de “la almeja”, os dejo un vídeo explicativo:

Esta dinámica de actividades repercute en mi día-a-día. Cada complicación de los ejercicios propuestos supone incorporar pautas rutinarias a mis movimientos diarios. Un año después de haber comenzado con esta pauta estoy en disposición de decir que la actividad física ha mejorado mi condición física: ni la ha mantenido y, ni mucho menos, la ha empeorado. Por cierto: el mes pasado he dejado las muletas en casa. Ya camino por mi mismo, sin apoyos, aunque todavía cojeo. El próximo reto va a ser reducir esa cojera.

José Fernando de Abajo RiojaAsí que concluyo aconsejándoos que os pongáis en manos de un/a técnico para que os diseñe un programa individual de ejercicios para atacar las limitaciones que os ha provocado la Esclerosis Múltiple. ¡Con trabajo y un poco de sacrificio sí se puede!

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Un comentario en ““Deje las muletas aparcadas en casa cuando comencé a realizar estiramientos musculares a diario”

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