Cuando la Esclerosis Múltiple nos sirve de excusa para justificar acciones que nunca hicimos antes

¿Os acordáis de vuestra vida antes de estar afectados de Esclerosis Múltiple? ¿´Sois conscientes de cómo era vuestro estado de salud en aquellas épocas? Creo que mi caso es similar al de otros muchos. Por supuesto, no eres consciente de cómo era tu estado de salud cuando ésta era buena; sólo te acuerda de ella cuando te falta. Y es lo que me ocurre a mí.

Ahora que tengo un estado de salud alterado por la Esclerosis Múltiple, la única manera de referirme a mi estado de salud anterior es en referencia al que tengo en estos momentos, y siempre analizándolo desde el punto de vista de la funcionalidad y la autonomía: “antes podía hacer esto y ahora ya no puedo”.

Lo más frustrante para mí es pensar en lo que podía hacer y no hice y ahora, aunque quisiera, ya no puedo hacer… O creo que no lo puedo hacer. Aunque agradezco todos los comentarios motivadores que te dicen que “sí se puede” o “el único impedimento está en ti”, soy consciente de que se puede lo que se puede, aunque quiera poder a veces no se puede…

La única barrera que existe entre tú y hacer una actividad eres tú mismo”

Una excusa para la inactividad

Esta reflexión última algo pesimista (no lo toméis en cuenta, yo soy una persona muy positiva) no se sostiene en la realidad: nunca podré saber si lo que no hice lo hubiera podido hacer. ¿Quién lo sabe? A veces las posibilidades de realizar una acción no implican que una persona esté lo suficientemente dotada para llevarla a cabo.

Por ejemplo: siempre tuve la intención de hacer el Camino de Santiago con el doble objetivo de buscar una experiencia vital y encontrarme a mí mismo. Desde muy niño veía a los peregrinos caminar por las calles de Astorga sudorosos, fatigados… pero sus caras reflejaban felicidad, paz, serenidad. Gentes de todos los lugares y de toda condición. A esas edades tan tiernas tenía a los peregrinos a Santiago de Compostela idealizados.

Pues bien: nunca encontré el momento para hacerlo. ¿Pereza, miedo a lo desconocido? Cuando no padecía Esclerosis Múltiple nunca tuve remordimientos por no haber iniciado este viaje de introspección que debe de significar el Camino. No sentí que algo me faltaba si no conocía todos esos lugares, esas gentes y esas experiencias que esperaba encontrarme allí.

Peregrinos haciendo el Camino de Santiago

Peregrinos en marcha hacia Santiago de Compostela. Bajado de: La Viajera Empedernida con licencia de Creative Commons.

No hay límites… pero siempre con precaución

Lo cierto es que ahora justifico el padecimiento de una enfermedad como la Esclerosis Múltiple, que me provoca espasticidad, cojera y fatiga cuando realizo un esfuerzo es cuando me entran los remordimientos de no haber llevado a cabo ese proyecto ni siquiera iniciado. “Tenía que haber comenzado el Camino, pero ahora…” me justifico.

Por un lado, mi mente se hace un truco a sí misma al colocar la EM como causa para no intentar llevar a cabo las acciones que antes no había hecho. Pero es sólo eso: un truco. Porque si no padeciera Esclerosis Múltiple ¿qué excusa tendría? ¿La edad, quizás? ¿El trabajo? ¿La falta de tiempo?…

En este caso, la EM la utilizo para justificarme. Es cierto que no tengo la salud suficiente para lanzarme a llevar a cabo este proyecto nunca realizado. Ahora que sufro con mi EM leo con cierta nostalgia que existen personas con mi misma afectación que han comenzado ese Camino, imagino que con las mismas dificultades o más de las que yo padezco.

Me autocompadezco diciéndome que ya no puedo, pero son excusas que esconden razones más profundas que no llego a comprender”

Epílogo

¡Eso es carácter! En cierto sentido, les envidio; envidio su impulso, su dejar a un lado todos los miedos para iniciar esa aventura… Pero por otro lado estoy disgustado: ya no tengo una razón para justificar mi indolencia. “Si hay gente que puede, ¿por qué no yo?”. “A saber cómo estarán esas personas; seguro que mejor que yo”… ¡Ayyy!

Más justificaciones. El “camino” para iniciar el Camino es más sencillo. Tengo a mi disposición todos los recursos para ponerme en marcha. Un exhaustivo control médico (porque la neuróloga no me lo desaconseja… ¡maldita sea!), un entrenamiento para coger forma y: ¡adelante!

Ya no es el físico el que me impide llevar a cabo ese proyecto que tengo desde niño, ese camino que necesito empezar porque parece ser mi destino, pero nunca doy el paso definitivo. Y tengo la sensación de que necesitamos dar ese paso valiente para romper viejos tabúes.

Todos tenemos un camino que todavía no hemos comenzado a andar. ¡Empecemos!”

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