Toleramos de manera similar la medicación inyectada con una aguja que la ingerida de forma oral

Tener un tratamiento oral o inyectable no influye en continuar con la terapia en la lucha contra la Esclerosis Múltiple. Así concluye un estudio sobre la baja adherencia al tratamiento (no seguirlo tal y como fue pautado por el especialista), elaborado por los investigadores Bucks, Marshall y Ye.

Y os preguntaréis: ¿Qué tiene de importancia esta noticia? En un principio, podemos considerar que tiene una importancia relativa. Pero creo que se pueden extraer conclusiones más interesantes. La primera y la más importante es que acaba con la leyenda de que las medicaciones inyectables se toleran peor que las orales.

No cabe ninguna duda de que los tratamientos inyectables para la Esclerosis Múltiple son más molestos de tolerar. Sin embargo, el estudio de estos investigadores revela que no existen diferencias sustanciales entre los afectados que tienen prescritos ambos tipos de tratamiento.

Así, la adherencia de los afectados que siguen una terapia inyectable fue del 58,6%, mientras que a los que les prescribió un tratamiento oral para la Esclerosis Múltiple es apenas tres puntos superior (61,4%). Así, la conclusión que se extrae es que no existen diferencias sustanciales entre los tipos de administración de los fármacos.

“Que a pesar de las supuestas ventajas en términos de comodidad para el paciente, la adherencia resulta muy similar para fármacos de ambos tipos” Conclusiones del estudio “Adherence to disease-modifying therapies and its impact on relapse, health resource utilization, and costs among patients with multiple sclerosis. ClinicoEconomics and Outcomes Research” de Bucks, Marshall y Ye.

Jeringuillas

Colección de jeringuillas para el tratamiento de la Esclerosis Múltiple. Foto: ALICIA MERINO.

Niveles de adherencia inferiores a otros estudios

El portal de enfermos crónicos In-pacient (https://www.in-pacient.es/noticia/) explica que en este estudio participaron 12.413 afectados de EM que iniciaron el tratamiento con fármacos modificadores de la enfermedad entre 2008 y 2015. “De ellos, a 11.413 se les habían prescrito tratamientos inyectables como el interferón y a 1.018 tratamientos orales como los introducidos más recientemente”, explica en la web.

Se consideran adherentes aquellas personas que han seguido su tratamiento al menos el 80% de los días cubiertos con tratamiento durante el primer año de terapia. La adherencia además, resultó ser un 24% menor en mujeres que en hombres, sin que los autores aventuren una explicación clara para este hecho.

¿Qué ventajas tienen los pacientes adherentes (es decir: los afectados que siguen la pauta de tratamiento marcada por los especialistas que es tratan)? Pues bien: tuvieron un 42% menos de riesgo de aparición de brotes en un año, un 52% menos de riesgo de hospitalización y un 38% menos de riesgo de visitas a urgencias. Además realizaron 0,7 visitas menos al año a su médico.

Es sumamente relevante que los pacientes sean adherentes al tratamiento para lograr su máxima efectividad y la “necesidad de continuar buscando los motivos de la baja adherencia”

Ye, Marshall y Bucks

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Dibujo que nos muestra la inclinación de la aguja de la jeringuilla necesaria para realizar una incisión intramuscular (90%) o subcutánea (45%). Bajado de Wikihow con licencia de Creative Commons.

Estudios de adherencia con inyectables desde 2010

Los problemas de la adherencia a los tratamientos surgió con la aparición en el mercado de los inmunosupresores, los interferones inyectables que eran/ son tan molestos para los miles de pacientes que los tienen prescritos.

Así un equipo de investigadores españoles de varios centros (Josep Trueta de Girona, Departamento de investigación de Biogen, el Gregorio Marañón de Madrid o la Clínica Universitaria de Navarra, entre otros, desarrollaron el estudio Herramientas para mejorar la adherencia al tratamiento con inmunomoduladores en pacientes con Esclerosis Múltiple (publicado en www.elsevier.es/neurologia en 2010).

Para los investigadores de este estudio, los pacientes de hace siete años eran ser reacios a comenzar el tratamiento debido a una serie de razones, como el temor a los efectos secundarios, las dudas sobre la eficacia de los fármacos y la dificultad para comprender la información facilitada, entre otros.

También se encontraban las perspectivas de plantearse un tratamiento indefinido, el miedo a las agujas y diversos factores socio-culturales (entre los que se encuentra la interferencia con su régimen de vida). Posiblemente, las motivaciones no hayan variado mucho en estos últimos siete años.

Las conclusiones que extrajeron de su investigación siguen vigentes a día de hoy: “Una menor adherencia implica una reducción de la eficacia de los tratamientos con un mayor deterioro de la enfermedad y de posibilidades de recuperación, mayor consumo de recursos sanitarios con hospitalizaciones más frecuentes y prolongadas, mayor sufrimiento del propio paciente y de su entorno”.

Textos originales:

Burns, T.S. Marshall y X.Ye: Adherence to disease-modifying therapies and its impact on relapse, health resource utilization, and costs among patients with multiple sclerosis. ClinicoEconomics and Outcomes Research 2017.

Arroyo, M. González, C. Grau, C. Arnal, M. Bujanda, P. de Castro, L. Grau, M. Martínez, C. Ramo, V. Sánchez y O. Sánchez-Soliño: Herramientas para mejorar la adherencia al tratamiento con inmunomoduladores en pacientes con Esclerosis Múltiple. Sociedad Española de neurología, 2009.

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Un comentario en “Toleramos de manera similar la medicación inyectada con una aguja que la ingerida de forma oral

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